sábado, 8 de febrero de 2014

Por los que no tienen voz

Un día comprendí que mi comportamiento hasta entonces había sido bárbaro…y me vi a mí misma como a una extraña…
¿Cómo puedo cuidar de mi perro como si fuera un miembro más de mi familia, procurándole alimento y comodidades, protegiéndole del frío, abrazándole y amándole sinceramente…y sin embargo permitir la tortura de otros animales; y colaborar con ella, por mucho que me duela ahora, al formar parte de la cadena que justifica su sufrimiento…?
¿Cómo puedo enseñar a mi hijo amor por los animales si cada día sus cadáveres forman parte de nuestra mesa?
Si alguien me hubiera preguntado hace un tiempo, yo me hubiera confesado firme defensora de los animales: “no soy capaz de hacerles daño”, hubiera contestado, orgullosa; y de algún modo no hubiera mentido, pues sí que es cierto que nunca he pegado a un perro, ni he perseguido gatos para dispararles con una escopeta, ni he torturado a las lagartijas cortándoles la cola…
…pero sí he ido a los toros en las fiestas del pueblo, y he ido al circo cuando anunciaba en sus vistosos carteles que llevaban elefantes, tigres y leones… ¡Qué emocionante ver un tigre de verdad!! ¡¡Qué divertido montar en un pony que gira y gira infinitamente atado a un poste, cabizbajo, sabiendo que nadie le salvará de su existencia esclava, y que está destinado a ser diversión de los animales humanos!! ¡Qué poca sensibilidad hacia su sufrimiento!
No reconozco a mi duro corazón de entonces…
… y he comido carne, y huevos, y he bebido leche…leche de criaturas separadas de sus madres nada más nacer, condenadas a vivir su corta vida en un habitáculo apenas más grande que ellas, para que no puedan moverse; condenadas a la falta de alimento y luz, para que este método cruel les provoque la carne jugosa que tanto nos gusta… ¡Qué asco! ¡Qué vergüenza de mi especie!
…pero juro, juro sinceramente que no era consciente de todo ese sufrimiento; mi yo malvivía enterrado bajo mi ignorancia…
Atrapada por las cadenas que te encuentras cuando llegas a este mundo, y sobre las que ni siquiera piensas…hasta que un día despiertas…
Despiertas y te preguntas por lo que hay detrás de una chuleta o de una pechuga de pollo…y de cómo nos engañan decorando los cartones de leche con felices vacas pastando.
¡Todo es mentira!
Lustrosos cerditos felices pintados en los envases de carne y en los camiones que reparten por las carnicerías cadáveres de seres que han vivido y han muerto sin haber dejado de sufrir ni un solo segundo, sin esperanzas de que alguien se compadeciera de su agonía…
El toro, en la plaza, asustado, intentando salvar su vida mientras seguro se pregunta: “¿Qué hago aquí? ¿Qué les he hecho para que me torturen? ¿Por qué llaman maestro al que me está matando, al que me clava espadas y no se conmueve ante mi sangre? ¿Por qué aplauden todos?...no lo entiendo…”
“¿Por qué vivo en una jaula?”, se preguntarán el oso, el tigre, el gorila, el león…el lobo… “¿Por qué me hacen fotos? ¿Dónde está mi selva?”…nadie les dirá que jamás volverán a ser libres…
“¿Por qué no puedo utilizar mis alas? ¿Por qué no puedo alcanzar el cielo?”…el canario que enjaulamos y colocamos en nuestro salón como un adorno… ¡No es feliz! ¡No se alegra de vernos por las mañanas! ¡No nos da las gracias porque le compramos el mejor pienso del mercado! Simplemente sobrevive hasta que muere sin haber extendido sus alas…
La caza, los circos, los zoos, las tiendas de animales, la pesca…por favor… ¡Despierta…!
                                                                                          
Muchas personas que maltratan animales son, en esencia, buenas personas... lo que sucede es que hemos sido condicionados desde nuestro nacimiento para ver a los animales como cosas; objetos que sirven para alimentarnos, vestirnos y divertirnos…seres que no sufren…
No vemos sufrimiento en el pájaro en la jaula, ni en el elefante del circo, ni en el león que malvive entre barrotes...no vemos un cadáver en una salchicha...no vemos agonía en el toro en la plaza...no vemos casi nada...
Se nos ha enseñado, desde la cuna, a mirar hacia otro lado, y a decir: “así son las cosas, tenemos que comer…también mata un león a una cebra”.
Y nos hemos auto convencido de que los mataderos sacrifican a los animales con métodos compasivos, para que no sufran...y preferimos no descubrir lo equivocados que estamos.

Por favor, despierta y protege la vida en vez de destruirla…
Por favor, siente compasión por los seres que conviven contigo en la tierra…también es suya...


Por el fin de la esclavitud en todas sus formas…

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